viernes, 24 de febrero de 2017

LA ARCADIA MUSICAL DE ANGOSTURA. EL ARCANO MAYOR IVO FARFÁN. ENTREVISTA.



Adonai, Salloum Bitar
México, febrero de 2017.

    La distancia entre nosotros fue certera como una flecha en el tiempo. El instante predomina sobre la simple reiteración de la imagen y la frugal repetición de los gestos virtuales. Las palabras convertidas en un acto de fe y despojo, a ras del suelo y refugio de las cuantificaciones inútiles en el lenguaje poblado de imágenes asiduas de la cotidianeidad. Nuestro pan de cada día. Lo que sucede intempestivamente, o significa azarosamente se cuela a la distancia, a pesar de los débiles efectos por contrarrestarla, la Arcadia Musical de Angostura celebra un aniversario más de existencia contra los demonios de la intolerancia, a pesar de la servidumbre de oídos sordos llena de acciones ejecutadas sumariamente por omisión de propósitos y despropósitos en contra.

El arcano mayor pone las cartas sobre la mesa… Son más de veinte años.

La lluvia  intermitente brinda un refugio invisible en el valle de México. El frío dicta las órdenes como un patriarca venerable en pleno invierno, inmutable e implacable  recrudece la órbita Tierra bañada por una atmósfera herida frontalmente desde el aire por la luz dispersa en racimos ultravioletas fulminantes, y ráfagas hirientes desde el cielo se esparcen sobre la ciudad como un virus letal horadando la piel del tiempo con el tono gris pletórico de gases innombrables e irrespirables.

Lo mejor es salir a la calle lo menos posible. Quedarse en casa…La contaminación es extremadamente peligrosa. Hay contingencia ambiental y mala calidad del aire.

La metáfora cumple al pie de la letra lo que exige la realidad, y exime de culpa a cuanto nos rodea y no hemos sabido valorar en toda su dimensión; la profunda conexión emocional y psíquica que posee la música con nuestro ciclo vital, tan absurda y esencial como la naturaleza que hemos convertido en una panacea universal de nuestras limitaciones y justificaciones, y la condena  ex profeso con la que hemos aclimatado nuestra mísera existencia. El jubileo natural de ser y estar en el enigma a un tiempo, por más rápida y decadente que sea nuestra efímera existencia, vuelve a lo eficaz o injustificable para aceptar las cosas como son. O, quizás, en el devenir, tangencialmente cómo no tienen que ser. Es cosa de ver más allá de lo visible…

Una digresión aparte.  Las coordenadas geográficas reales e imaginarias sostienen a duras penas, una lección de  vida. Tu pasaporte a la vista, o tu visado de eternidad hacia dónde. De qué sirve decir de dónde eres… Siempre es bueno hablar de lo que tenemos por delante, encomendarse en el viaje sin ataduras, libres de asumir nuestra vida con todas las implicaciones que tiene, sea cual sea el lugar donde naces., y quizás, en término plausible, en el tiempo saber verdaderamente hacia dónde vamos.

Llega el aire frío e hiriente de la ciudad…Los coletazos del invierno pronto a apagarse en el hemisferio Norte, intensifica la gravedad de la luz sobre el ocaso que cabalga lentamente en las tibias y cálidas aguas providenciales que vienen. Se acerca la primavera.

La región más transparente del aire, vista por el sabio alemán Humboldt, me trasladó  como una fiera a las tierras ignotas y desconocidas de México, y sentí, el doble efecto mortal con las manos desplegadas en el tablero mutante, el aire transparente y seco, y el fino olfato en el fondo lacustre del valle de México plagado de ríos y laberintos que desaparecieron para siempre.

En las tierras del Nuevo Mundo, Humboldt constató como nadie la suerte y la desgracia propia y ajena. De esto, hace ya, más de dos siglos.  

No sé qué razón y de que lejana frontera llegó Humboldt como invitado especial a esta sobremesa. Le abro la puerta con la más absoluta perplejidad y emoción de haberlo encontrado de nuevo.

Hay un desafío frontal y directo. El esplendor de México visto por el sabio alemán devino con el tiempo en una dictadura de imágenes imprecisas, (La región más transparente del aire) y ahora, inexistentes. Las palabras utilizadas convencionalmente no dicen nada de lo quieren expresar, se han vuelto una pesadilla inexplicable en el lenguaje. Una cacofonía universal. El valle de antes  como lo soñé en peldaños y fronteras de un laberinto personal y colectivo limitado hoy por las sombras de la destrucción, arrastra la ciudad más grande del mundo, vencida como un elefante blanco. alarga su sombra a la región más  transparente del nihilismo, en el ombligo escéptico ensordecedor y sinóptico de la Luna. De su desplante y misterio.

El viaje de Humboldt dejó numerosas huellas de las batallas existenciales y desiguales en el continente.  En plena efervescencia revolucionaria. La victoria de una batalla interminable.  Lo  que José Emilio Pacheco llamó, nostálgicamente, “Las batallas en el desierto”. Convencidos de la guerra a muerte librada contra el dominio español, y lograda la independencia tan ansiada,  al día siguiente,  ya habíamos condenado sus logros inalcanzables, su metafísica,  las heridas que no cicatrizaron jamás abiertas por la raza, la esclavitud, la religión, las costumbres, la historia fundamental, lo que daría forma a nuestro árbol genealógico por derecho propio que no alcanza a completar su obra en el tiempo.

Seguimos careciendo de identidad sobre lo básico. Negando lo esencial. Las leyendas forman parte de ella. Negra o dorada, el crisol de una cultura imposible de sostener con los pies en la tierra. El delirio forma parte de nuestra historia y de nuestra cultura.

En otra latitud geográfica inconmensurable, Humboldt encuentra un asidero real a modo con la compañía de Bompland, otro noctámbulo del paraíso perdido  explorado por ellos.  El viaje por el Oriente de Venezuela, navegando los raudales de bosque y selva en el gran laberinto cósmico  del río Orinoco, surcando las venas de sus afluentes  llegan a la ciudad de Angostura en 1800. Toca fondo su vida. Recobra la salud perdida. Es un paisaje único y crepuscular que conmueve, y se alza con vigor la enorme belleza de una ciudad asentada sobre la ribera más angosta del río padre, el río de las estrellas de Andrés Eloy Blanco, el soberbio Orinoco de Jules Verne.  

Vivían, en ese tiempo, algo más o menos que cuatro mil almas…

Tres veces fundada,  esa ciudad portátil, fue asediada hace un mes por la violencia y el saqueo.  Un hecho despreciable y sumamente vergonzoso…

Las ruinas de la ciudad de Angostura se sienten en carne propia, se observan las cicatrices a plena luz del día,  las heridas abiertas, y en la oscuridad, en las sombras pasajeras del viento se ven las ruinas de calles enteras y casas derrumbadas que nadie habita.  Una absoluta desolación la rodea. Es una ciudad fantasma. Angostura, nuestra ciudad, es una metáfora abierta para el exilio propio y el ajeno. Viejas casonas son testigo dantesco de cuanto puede descubrirse en ella, si equivale al infierno mismo o lo más próximo a él, destilando el don Amargo y solaz del intento de cambiarla y mudarla cuantas veces se pueda sobre la espalda del veloz Aquiles y la caparazón de una tortuga invisible. Enmudece. Se contempla noctámbulo el vasto horizonte  asistido de una enorme cadencia por no sucumbir a la barbarie y la violencia descarnada, ejercida con toda saña, aberración y desprecio por los habitantes y gobernantes de turno.

Ha habido excepciones, pocas, pero las ha habido. Queda el vacío de siempre…Lo que pudimos hacer y no hicimos, y lo que dejamos de hacer pero no pudimos.

El inventario de la destrucción es cuantioso. El embalse natural que la rodeaba, el antiguo malecón ya no existe, es cosa intemporal del pasado. El nombre sigue siendo lo de menos (paseo Falcón, paseo del Orinoco). Pasará a ser con el resto de las ruinas de la ciudad, un santuario y un recuerdo vago e inútil que tuvo la misma suerte que la famosa “Laja de la zapoara” dinamitada de la mano del llamado “progreso” cuando se construyó el puente colgante sobre el río Orinoco (1962-1967). La ingenuidad permite la mayor de las desgracias. La arquitectura y la belleza del paisaje circular, que data de hace 3,5000 millones de años, fue destruida de tajo y arrasado el entorno natural del macizo guayanés sin otra conveniencia y explicación que la forma fácil de hacer las cosas mal hechas por bien hechas. El vulgo resistía el cuento de nunca acabar. El leguleyo de siempre.

Un desafío a este atropello: La majestuosa fuente de piedra que la rodea, en medio de las aguas turbias y arenosas del Orinoco, el “orinocómetro” de Humboldt es  testigo fiel de la depredación inmisericorde que se ha hecho costumbre contra ella, y los intentos soeces de amedrentarla y destruirla. El malecón, a las orillas del Orinoco, lugar de ensoñación y fuente de inspiración de poetas y juglares fue sustituido por esa mole de concreto que amuralla la ciudad, la asfixia desde adentro hacia afuera, aparentando estar a salvo de una amenaza inexistente, de las embestidas del río que inundó la ciudad por única vez en el año de 1943. El cielo de Angostura sigue siendo consecuente con la gran belleza que la rodea.  Ya, en el extremo de lo absurdo, la destrucción de las riquezas naturales (El Arco Minero de la destrucción) sigue dictando implacablemente las órdenes criminales, el mismo camino apodíctico y desventurado con el epitafio de una ciudad marcada por la tragedia:

“Sálvese quien pueda”.  Fusilen de nuevo al general Piar…

Una ciudad dibujada en la cartografía de una catástrofe anunciada, y el aire viciado de la fatalidad y la tragedia que la envuelve en el manto de la complicidad y sospecha, embargada por todos los saqueos y la destrucción a la que ha sido sometida a lo largo de su historia, hasta el presente. La villanía total..

La ciudad fue victima del pillaje de  sus propios ciudadanos en diciembre pasado. Cosa difícil de creer, de esos “ciudadanos”  inexistentes, ricos y pobres diablos convertidos en esa turba ciega auspiciada por la necesidad, la superstición, el engaño y el interés sobre la riqueza ajena. La misma rapiña con que corsarios, piratas y trúhanes ingleses, holandeses lo hicieron en el siglo XVI y XVII, durante  el largo dominio español, incluyendo al famoso Walter Raleigh.

La emoción es una vivencia compartida…Esa misma emoción que hace vivir a dos tiempos una sola vida. O sobrevivir a ella.

Salieron a relucir los amigos en común. Un breve paréntesis para escapar de la bíblica fuente en la que todos ellos; poetas, cuentistas, novelistas y músicos han cantado a coro o con su propia voz el calor providencial de la vieja y hermosa Angostura. Hay cierta monotonía en el ambiente…El fondo telúrico  de la Tierra envuelto en el manto de las grandes aguas del océano abierto  en sutiles espigas, donde el Orinoco vierte sus aguas fecundas e infinitas abordando el compás de las grandes corrientes oceánicas y marinas  que liberan su caudal en el Atlántico.

Se ve su lejano resplandor…El preámbulo eficaz con que mantiene su raudal y convence a propios y extraños de su absoluta balanza en el reino de la creación. Su innegable grandeza.

Ivo, distiende la conversación y coloca, sobre la balanza, la memoria de esa rara progenie de hombres y mujeres guayaneses formados en la adversidad, muchos de ellos inmigrantes y provenientes de los rincones más apartados de la Tierra.

Ivo lleva al extremo una parte de esa historia viva, su padre Ivo Panice  era de origen italiano, con la rara excepción que confirma la regla no escrita de un hombre  entregado por completo a sus  convicciones.  

Ha acumulado una larga experiencia de veinte años con la misma pasión y profundidad que otros campos laterales (libertad y dominio) que ha demostrado en la música; en el ensayo breve y conciso, la poesía y el cuento y alguna que otra obra teatral escrita y musicalizada por él. Gran parte de su obra permanece inédita en espera de ser publicada.  Los volúmenes siguen en lista de espera:  Pero, ha avanzado un buen trecho del camino.

De lo publicado destaca: un decálogo de la música regional, diez ensayos sobre la pluralidad y la riqueza musical de Guayana.  Alejandro Vargas, el laberinto musical de la región, Antonio Lauro, Fitzy Miranda, la biografía novelada de Félix Mejías, el príncipe de los valses entre otros.

La conversación va más allá del límite de lo posible, sin más preámbulo y testigos que la virtud de haber elegido bien el momento.  

¡Ni hubiera sido posible en otra circunstancia! No lo imagino.

No encontré con precisión la voz que descifrara los gestos, hundido en la virtualidad, sólo sentí el golpe seco e hiriente del teclado haciendo de las suyas, espontáneamente sometido al azar de las circunstancias, o premeditadamente haciendo de las suyas. Transformando palabras incorregibles con el sobresalto  de una conversación escrita que fue testigo fiel y muda de esta quiromancia de las palabras.

Esa fue nuestra única y mejor defensa ante el atropello virtual de las letras y las palabras promulgadas por el dictamen azaroso de las circunstancias.  La magia que hace falta se hizo presente.

Baraja las cartas…

El  diálogo con Ivo Farfán: su encuentro y desencuentro con la vida, sus afinidades y gustos literarios por igual las virtudes que la vida dicta con igual franqueza por las circunstancias adversas que enfrenta, los logros y fracasos personales. Hay cierta flaqueza en sus palabras “Hace dos años que no se hace el Festival Internacional de Jazz del Orinoco”.  Faltan los apoyos y los recursos. Miro la corpulencia que sostiene un cuerpo frágil lleno de sentimientos y afectos encontrados. Lo he visto llorar y reír convencido de que la “vaina está jodida”. La frente amplia descansa sobre el rostro, y el efecto teatral de la situación, la luz  extrapola la sombra a una visión largamente acariciada como un gato maullando en la oscuridad de la noche, Hamlet en las fronteras del abismo para recordar cómo ha sido su vida, el pasado y el presente de la memoria sin maquillaje ni poses artificiales, calibrando sus mejores y peores momentos. El Ivo de siempre. El que conozco. Encandilado por los deberes.

¡Hay que hacer algo!

Apunta lo esencial…

La música es un estado excepcional del espíritu donde reina la más absoluta libertad en la creación. Lo que había soñado como niño y adolescente  sigue prevaleciendo en ese lenguaje universal y secreto de la música. Su más intima conexión personal.

De aspecto sencillo y humilde trasciende por su luminosa verdad.

El Jazz ha sido su pasión esencial. Es su arma secreta para crear la correspondencia íntima entre el ser y la conciencia plenamente, con el lenguaje universal de la música. Sin estridencias, sostiene: Se trata de una música más allá de toda lógica y explicación pero que eleva el alma—--“Ya lo probé con un tema mío llamado Makiritare. Y otras composiciones; Manac Kru, y otras variantes jazzísticas como Puerto Bhlom, Calipseros, Catalina Yanes”…

Redunda en ello, cita al filósofo indio Osho “La creatividad no se enseña... es verdad…el virtuosismo es el resultado de la búsqueda y constancia…el training.”

El jazz luminoso y estridente, la consagración de los espíritus, el don de la intuición con  el  fuego  encendido de la improvisación sobre el pentagrama musical de esa tierra universal que pertenece a los músicos como Ivo, o de la tierra que lo vio nacer, providencial y mágica de Guayana donde ha vivido y escrito casi toda su obra. Es lo mismo. Ivo pertenece a la estirpe de los músicos guayaneses que han cantado con voz única y excepcional en el panorama musical venezolano. Claro está, cantando con la guitarra.

Ha hecho escuela en esta tierra con la fecundidad del sonido y la furia desenfrenada del Jazz.

El Festival internacional de Jazz del Orinoco puede considerarse como algo excepcional  en el panorama musical venezolano. Por más de 20 años, ha resistido con valentía la apoplejía y la parálisis de los medios culturales convencionales.

La apuesta de Ivo ha sido contraria a lo que tradicionalmente se hace con la llamada música y cultura “popular”. Desvirtuándola las más de las veces, o las manifestaciones  artísticas y culturales de otra índole de la región que difícilmente alcanzan el semblante original de lo clásico para reconciliarse con la forma de ser, con las raíces que conforman esa plenitud esencial de la musical universal. No la simple manipulación de ella. Las raíces de esta identidad son muchas y diversas, y especialmente, ocurre en todos los ámbitos, incluyendo el Jazz y cualquier otra música de género distinta.. No reniega de ello. Al contrario, absorbe y se nutre de todas las corrientes musicales incluyendo la música popular, la música clásica y los ritmos desenfrenados del rock, el blues cadencioso y nostálgico, el acompasado fluir del bossa nova, de las composiciones narrativas, de tantos y tan renovados ritmos que difícilmente se puede hablar con pureza y determinación de los resultados.  

El talentoso y brillante Duke Ellington, decía, no importa cómo se llame el Jazz lo que importa es la música que lleva dentro.

Iconoclasta convencido de lo que hace, Ivo conserva la visión y la firme convicción de enfrentar con toda su fuerza esa desidia cultural plagada de rencores y envidia de mensajes excesivamente hostiles y provincianos en contra. Ha sostenido contra viento y marea, el Festival de Jazz del Orinoco por largos veinte años, desde sus inicios en 1990. Ha sido una victoria ejemplar contra la marea tradicional y tradicionalista de la música regional.

Acepta como un hecho común lo que simplemente es una verdad trascendente.

El festival Internacional de Jazz del Orinoco ha demostrado, a pesar de todas las dificultades y adversidades enfrentadas, su innegable pureza. La ciudad de Angostura tendrá los mejores escenarios musicales, y especialmente, los espacios dedicados a la música popular, los ensambles musicales de la región, la música coral así como el aporte jazzístico y de otros géneros musicales que conviven en la región. La diversidad musical de la región es aplastante, y la riqueza de ella, ejemplar.

Otro hecho notable…

La bóveda musical que rodea el espacio exterior de la ciudad de Angostura la hace excepcional y única en el mundo.  Es otra razón de peso. El mejor testigo son los crepúsculos ondulantes que descienden de las tinieblas brotantes con el agua brillante del cielo lleno de luz y misterio. 

Los crepúsculos son obra excepcional y milagrosa de la creación del universo. Inigualables en la región. Esa misma emoción que sentimos al escuchar la música, donde sucede lo inverosímil al igual que simultáneamente lo creíble y espontáneo de la ejecución de un paisaje cadencioso y noctámbulo, delirante armonioso y creativo que solo los maestros pueden contemplar. La música es un estadio superior de la conciencia.   

Resumo parte de la conversación…

La cosecha es notable. Los nombres de los músicos varían de acuerdo a las circunstancias, pero son largos veinte años que ha acumulado un  saber musical excelso. Una experiencia única en Venezuela. tal vez, lo sea en el continente. Bandas notables han interpretado obras magistrales del jazz contemporáneo y expresado el quehacer jazzístico en Venezuela desde 1990. Los que han trascendido por su propio talento no tienen complejos personales con las fronteras geográficas, y han emigrado a otros países en busca de nuevas oportunidades. El caso notable del talentoso Leopoldo Osio. El efecto es notable. El Festival de Jazz es un espacio abierto para músicos y compositores de la talla de Aldemaro Romero,  Konstantin Kliastorny, Leo Quintero y Silvano Monasterio, además de Gerry Weil y Víctor Cuica que siempre ha sido la figura emblemática del Festival…Las diversas tendencias musicales obedecen más al gusto y al placer estético del momento. Sin redundancias técnicas y ejemplares. El virtuosismo es un don creativo y no una simple repetición de la técnica aprendida. Representa algo portentoso y excepcional en la ciudad de Angostura. Ivo es una parte de la memoria y de la historia musical viva de ella.

Cree fielmente en la música como una forma especial y privilegiada de ver y compartir la vida. De comunicar los sentimientos. Quizás, representa y sea su valor esencial. El valor fundamental de haber hecho posible lo imposible con los más grandes compositores clásicos y exponentes del Jazz contemporáneo en Venezuela y en el mundo. Dos décadas de experiencia son una prueba fehaciente de lo que se ha logrado, la importancia que tuvo y tiene el Festival de Jazz del Orinoco y la necesidad de seguir haciéndolo, a viva voz en el mejor de los escenarios posibles: a orillas del Orinoco: en la caparazón musical del espacio abierto y exterior que lo envuelve como un prodigio natural y único en el mundo.

Habla con fruición del pasado, cuando escuchó por vez primera  la obra del guitarrista británico, John McLaughlin, Extrapolation. Era un adolescente que rasgaba las cuerdas de la imaginación por entender esa música desenfrenada e incomprensible para él.  Magistralmente ejecutada por el músico británico

-No entendí nada mi pana-. Revira Ivo…Tenía 12 o 13 años.-Esa vaina me dejó pasmado.-No entendí nada pero me gustó arrechamente.

Sin embargo, la intuición con el tiempo abre el camino hacia cuanto la rodea y la hace fecunda. Hay un zumbido de una abeja en el aire. Interrumpe,  por un momento, la conversación… Al final, se desploma lentamente como una caja vacía la línea telefónica.

Quedamos atrapados  en el  suspenso de la sospecha… Esperamos segundos para reanudar  la conversación, en ese momento fluida y cadenciosa de los recuerdos como si estuviera de nuestra parte vencer las dificultades, sin mayor esfuerzo,  que el que  brinda generosamente el tiempo incrustado en el azar virtuoso de las posibilidades.

Fue un silencio benéfico y una pausa necesaria para narrar en primera persona su aventura musical.

¿Cuándo y cómo comenzó Ivo? Los primeros recuerdos musicales los conserva de la voz de su abuela cantando canciones de Alejandro Vargas. El mismo halo musical con que su madre, doña Catalina Farfán de noventa fructíferos años, siguió cantando a lo largo de su vida, por décadas, sin sospechar que, Ivo, seguiría el camino de la música y de las artes que están conectadas entre sí. Especialmente, la poesía y la literatura.

La misma liberación interior que produce la música le lleva de la mano hacia otros territorios afines como un pasajero anónimo recién salido del asombro y la perplejidad, listo para emprender  el viaje y contemplar otras fronteras imaginarias cercanas a la inspiración. Entre sus obras principales, inéditas algunas de ellas, (Las Parrandas de Angostura, cuadernos No. 3 y 4 de músicos guayaneses,, Jazz Guitar Licks, y de poesía, Lugar de hechiceros) figuran las del género del ensayo sincopado, vuelto sobre la ficción novelada, el atrayente mundo musical de Guayana como escenario de un pentagrama musical original y auténtico recopilando canciones y notaciones sobre compositores guayaneses. Su aporte ha sido valiosísimo. El género biográfico convive de forma real y transparente con el ejercicio personal de reconstruir las voces vernáculas y plurales de una región inmersa en la glosa musical del universo.  En ella, hay una gran fuente de imaginación e inspiración. Ha habido, y los hay, extraordinarios  músicos y compositores. La Arcadia musical de Angostura es infinita, e Ivo Farfán es el arcano mayor de la música, el maestro de maestros.

Las canciones fluyen en el tiempo a contracorriente de las modas imperantes glosadas por la mediocridad, y permanecen imborrables en el imaginario colectivo. En la más pura sensualidad. Todos hemos soñado con la Viajera del río de Alejandro Vargas, la voz brillante y profunda del amor que permanece vigilante en la memoria visual y sonora, invocando la aurora y el plagio del viento, su lejano furor, su apacible indiferencia, composiciones rítmicas cercanas a la plenitud del dominio universal de la técnica, sobre todo, las obras escritas por el maestro Antonio Lauro y sus heterónomas piezas y composiciones para guitarra.

La música produce un estado excepcional y único, y blinda la conexión psíquica y emocional con el universo, y reproduce la misma sensación en el espacio cuando se expande sobre la tierra el silencio creativo de la imaginación. Hace una pausa…Recupera el ritmo…Habla con vehemencia del libro de Aldous Huxley, (1894-1963), Música en la noche. Recomienda su lectura…

La respiración contenida lleva el equilibrio del cuerpo a otras fronteras de la percepción y de la creatividad, pulsa el ritmo cadencioso y vertiginoso del jazz hacia el espacio reflexivo de la improvisación donde trasciende la esencia musical del jazz, la estructura que reúne el acto musical más allá de su vana ejecución y repetición. No sólo la cadencia interminable y natural del sonido, el ritmo embriagante del perfume que lo envuelve, los colores y matices de la armonía, y la no menos intangible ilusión en el acto  del virtuosismo.  Todo a un mismo tiempo.

Reitera algo esencial: la maestría en la ejecución se logra por medios distintos. Es una fusión de todos esos elementos. Se siente la energía creativa a su alrededor, el talento musical acumulado, la invocación de un ritual ancestral,
la expansión de los sentidos cuando el tacto libera la potencia creativa contenida en la escala musical, y hace invisible, mágicamente, el sonido  que emana del universo de la armonía, la improvisación y el ritmo para fundirse en un sólo acto. Y la libertad plena para sostenerlo en el tiempo.

Ivo es un maestro de la guitarra. Lo he visto tocar con la técnica depurada por años de estudio y dedicación. El estilo permite corroborar lo esencial. Conoce todas las facetas, los ritmos y estilos, lo necesario para tocar asiduamente fuera de la rutina convencional.  Su estilo me recuerda al de Joe Pass. Es un elogio que, él, el maestro Ivo no acepta a ciegas. Sabe de lo que estamos hablando.

Hace una pausa sobre el tablero, y siente la misma ansiedad que sentimos cuando no encontramos las palabras adecuadas para expresar los sentimientos. La música logra el efecto deseado. El Jazz fluye naturalmente.

El ordenador sediento de sangre impide dar el siguiente paso. El laberinto de las palabras queda atrapado en el vacío de las posibilidades negadas, y aduce el resplandor de la pregunta que falta, o una capacidad de respuesta que llega tarde. El segundo acto melodramático de la tarde, traduce, sin ambages, el acto reflejo de la duda generosa o la incertidumbre de las razones de este diálogo que vivimos a diario.

No hay tregua posible…

Ello no impide que sigamos el orden de los tonos policromáticos de la tarde, la huella imborrable de la presencia de Humboldt y de su luminosa sabiduría, y de los colores fugaces cansados de un paisaje nostálgico y monótono.  

Fue una conversación improvisada y espontánea que tuvo como escenario la vieja Angostura. El diálogo franco, abierto y virtual contagiado de la amistad y la presencia de Ivo. Salvo la distancia, entre México y Venezuela, no hubo mayor dilación que la extrapolación en el tiempo. En la música y en el Jazz sigue prevaleciendo lo esencial. ¡No sé si vendrán mejores tiempos de los que vivimos ahora! Queda flotando en al aire. Prevalece una sensación común compartida, invocando un ritual tan antiguo con la misma libertad con que se explora el universo, con la música que está por escribirse, que habita en él, en nosotros escuchándola y sintiendo el ritmo en carne propia, en su propia experiencia vital, literalmente, soñando.

Las palabras quedan reunidas en un ámbito particular donde la música desvanece cualquier sentimiento antagónico, y despeja cualquier duda acerca  del Jazz, de su innegable vitalidad en el tiempo.

Una voluntad creativa sigue siendo la mejor herramienta, lo esencial. El sentimiento y la audacia con la experiencia vivida de absoluta libertad en la creatividad: Vivir francamente, a plenitud el instante cuando se toca a conciencia el ritmo del Jazz, la improvisación por dentro y por fuera, y dejar que fluya naturalmente la música como el río de la vida hasta encontrar el verdadero camino de la iluminación y el éxtasis. Haciendo lo de siempre, lo que sabe hacer el maestro Ivo como nadie, tocando hasta el límite de lo imposible como un gato maullando los últimos acordes de la noche.


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